La
Sociedad Desescolarizada reúne las ideas principales que surgieron de los
diálogos realizados entre Illich y otro estudioso de la educación, Everett
Reinier. Dichos diálogos fueron organizados a manera de seminarios anuales en el
CIDOC por Valentina Borremans, directora de este
Centro.
CAPITULO
I: ¿POR QUÉ DEBEMOS PRIVAR DE APOYO OFICIAL A LA ESCUELA?
La
institución escolar es un paradigma del tipo de visión del mundo generada por
todas las demás instituciones de la sociedad actual; la familia, los partidos
políticos, el ejército, la iglesia, los medios informativos. Todos estos
organismos poseen un “curriculum ,oculto” que puede definirse como el resultado
de ser sometido a un proceso de manipulación institucional, de definición de
valores. Esta institucionalización de los valores es la que, según lilich,
conduce a tres dimensiones que forman parte de un proceso más amplio de
degradación social y personal; la contaminación física, la polarización social y
la impotencia sicológica.
Tal
proceso de degradación se verifica y acelera cuando necesidades no materiales se
presentan como demandas de bienes, es decir, cuando la salud, la educación y el
bienestar sicológico son considerados como resultado de servicios o tratamientos
ofrecidos, desde luego, por instituciones.
Así
pues, llega a la conclusión de que no es sólo la educación, sino la sociedad en
su conjunto la que debe ser desescolarizada, la que debe rebelarse ante la
autoridad institucional que define lo que es y lo que no es legítimo o
deseable.
CAPITULO
II: FENOMENOLOGIA DE LA ESCUELA
El
autor encuentra que básicamente son cuatro las funciones de los sistemas
escolares modernos: custodia, selección, adoctrinamiento y aprendizaje. Estas
funciones son desarrolladas dentro de la escuela a la que define así- “el
proceso que especifica edad se relaciona con maestros y exige asistencia de
tiempo completo a un curriculum obligatorio”
1) Edad
2) Maestro-alumno
3) Asistencia a tiempo completo
CAPITULO
III: RITUALIZACION DEL PROGRESO
Illich
analiza en este capítulo las principales conexiones entre el consumo escolar y
el consumo social.
Al
graduado, dice, se le escolariza para cumplir un servicio selectivo entre los
poderosos en la sociedad. El alcanzar niveles superiores de educación significa
que de alguna manera se ha cumplido satisfactoriamente con las reglas del juego
del sistema en las primeras etapas escolares. La universidad impone normas de
consumo tanto en el trabajo corno en el hogar.
A pesar
de esto, a partir de 1968 la universidad ha perdido considerable prestigio entre
sus creyentes. En Estados Unidos, por ejemplo, los jóvenes han rechazado
prepararse y diplomarse para a fin de cuentas contribuir a la guerra, a la
contaminación, a la manipulación de todo tipo. Muchos de ellos se niegan a
integrarse a la sociedad diplomada y pasan a formar parte de la contracultura;
otros, reconociendo que el Sistema Escolar posee el monopolio de recursos para
la construcción de una contrasociedad, se desenvuelven en este medio formando lo
que luich denomina “focos de herejía en medio de la jerarquía”.
Después
de analizar los valores mitificados producto del sistema escolar, Illich
establece una similitud entre la Escuela Universal y la Religión
Universal.
Al
plantear el autor que la escuela como industria de conocimientos ha llegado a
ser el principal “patrón” de la sociedad, resalta al mismo tiempo el potencial
revolucionario de la desescolarización. La escuela como institución es la que
moldea la visión de la realidad en el hombre de una manera más sistemática, ya
que sólo ella está acreditada para formar el juicio crítico del ser humano,
función que cumple a modo escolarizado, es decir, enseñando que el aprender
sobre sí mismo, los otros y la realidad en general, se logra dependiendo de un
proceso preempacado. Poner en duda la bondad de la escolarización significa
entonces plantear un cuestionamiento de todo el orden económico y político,
peligrando así la supervivencia del sistema en su
totalidad.
CAPITULO
IV: ESPECTRO INSTITUCIONAL
Partiendo
de que el futuro de nuestra sociedad depende en parte importante de la elección
de nuevas instituciones, más que del desarrollo de nuevas ideologías y
tecnologías, el autor sitúa dicha elección entre dos alternativas básicas de
instituciones tipo, ubicadas en los extremos de un espectro
institucional.
A la
derecha del mismo sitúa las “instituciones manipulativas” cuyo ejemplo tipo es
la escuela. Estas instituciones se caracterizan por ser formadoras de hábitos,
es decir, crean adicción social psicológica hacia sus servicios. Además son
altamente costosas, selectivas y jerárquicas. Junto con la escuela, Illich
considera instituciones manipuladoras a las que controlan la vida política, la
asistencia médica, la comercialización, la administración de personal, ete. Al
otro extremo del espectro nos encontramos con las “instituciones conviviales”,
tales como las redes telefónica y postal, los parques, etc.: aquellas cuyas
normas se dirigen únicamente al control de abusos en su empleo.
Así,
Illich afirma su convicción de que un cambio social radical debe ser
necesariamente precedido o al menos iniciarse con un cambio en la conciencia que
se tiene de las instituciones, en un rejuvenecimiento del estilo
institucional.
CAPITULO
V: COMPATIBILIDADES IRRACIONALES
Se
reconoce que aún ahora la desescolarización social es una causa sin partido. El
autor hace una crítica a los innovadores educacionales que siguen apoyándose en
la creencia de que la conducta adquirida bajo la vigilancia de un pedagogo es
altamente valiosa tanto para el alumno como para la sociedad. Siguen buscando la
manera de canalizar los recursos educativos a través de embudos institucionales:
se continúa con la idea básica de que la educación es resultado de un proceso
institucional dirigido por educadores.
En
contraposición Iván Illich sostiene que una revolución educativa necesita
apoyarse en nuevas orientaciones de la investigación, en una comprensión
distinta del estilo educacional en vías de una contra-cultura
naciente.
CAPITULO
VI: TRAMAS DE APRENDIZAJE
Este
capítulo se propone demostrar que lo contrario de la escuela es posible; o que
podemos partir del aprendizaje automotivado en vez de coercitivo, flagrantemente
o no, en el que los profesores deben “convencer” y obligar al estudiante para
que dedique tiempo y voluntad al aprendizaje institucional; o que podemos
ofrecer al alumno la oportunidad de establecer vínculos nuevos con el mundo en
lugar de canalizar todos los programas envasados por medio del
profesor.
Es
decir, que lo que se requiere y es factible de realizarse, es la creación de lo
que é1 llama “un nuevo estilo de relación educativa entre el hombre y su
medio”.
Como
formas de proporcionar acceso a los recursos, Illich presenta tipos de “tramas
educacionales”, partiendo de la pregunta: “¿Con qué tipo de cosas y personas
podrán querer ponerse en contacto los que quieren aprender a fin de aprender?”
(p. 144).
Estas
tramas son las siguientes
·
Servicio
de Referencia de Objetos Educativos.
·
Lonjas
de Habilidades de Servicio de Búsqueda de Compañero.
·
Servicio
de Referencia de Educadores Independientes.
Así, se
plantea como alternativa a los “embudos escolásticos”, redes de comunicación que
faciliten nuevas vías de acceso a la
educación.
CAPÍTULO VII: "NACIMIENTO DEL HOMBRE EPIMÉTRICO"
Este
último capítulo que a manera de epílogo engloba bajo una perspectiva de crítica
humanista las objeciones de Illich a la escolarización social, es producto de
las conversaciones del autor con Erich Fromm.
El autor
se remite a la mitología griega a través de la historia de dos hermanos:
Prometeo y Epimeteo. El primero roba el fuego a los dioses y lo trae a la
Tierra, enseñando a los hombres a forjar el hierro. Epimeteo, duramente
criticado por su hermano y por toda la Grecia clásica, se casa con Pandora, la
diosa de la Tierra en la Grecia matriarcal, la que todo lo da, y que dejando
escapar todos los males de su ánfora, la cierra antes de que salga la
esperanza.
Siendo
considerada Grecia como la “cuna” de la civilización occidental, Elich establece
una similitud entre la historia del hombre moderno y la historia de Prometeo; el
empeño prometeico es traducido en un afán por crear instituciones a fin de
atrapar cada uno de los males desencadenados con el olvido completo de la
esperanza. Así, dice, es la historia de una esperanza declinante y unas
expectativas crecientes.
El
hombre clásico empieza a construir un contexto “civilizado” para vivir, a
moldear el medio ambiente a semejanza suya.
El
hombre contemporáneo además de intentar que este proceso sea completo, un
entorno totalmente sujeto a su hacer planificador, se ha llegado a dar cuenta de
que lo que puede hacer sólo a costa de rehacerse él mismo continuamente para
adaptarse a su obra.
En
términos de Illich: “Debemos enfrentarnos al hecho de que es el hombre mismo lo
que está en juego”. “El oscurecimiento de la realidad por el smog producido por
nuestras propias herramientas nos rodea.
En este
contexto, la escuela como proceso planificado conforma al ser humano para
aceptar un mundo planificado. La dependencia de las instituciones reemplaza la
confianza en la buena voluntad personal. Al mismo tiempo, los productos
institucionales contradicen sus metas.
Según
Illich, si deseamos encontrar un nuevo equilibrio de nuestro medio ambiente
global necesitamos desinstitucionalizar precisamente los valores que sustenta la
sociedad de hoy. Empieza a crecer ya la minoría internacional que sospecha y con
fundamentos de que “algo estructural anda mal en la visión del ‘honro faber’. .
. ” . Esa minoría desconfía de las utopías científicas y comparte la sensación
de encontrarse atrapada en las instituciones que el hombre mismo ha creado para
dominar y conformar su medio, del mismo modo que Prometeo (dios de los
tecnólogos) se encontraba atado a sus cadenas. Esta minoría “esperanzada” más
que expectante, movida por la visión de que una nueva concepción del ser humano
y de la realidad, desligada de la autoridad institucional, es necesaria para
plantear un cambio social radical, es la que Elich denomina “epinieteica”.